Las raíces de tu falta de energía

Las raíces de tu falta de energía

Tan a menudo escucho a alguien diciendo que simplemente no se siente bien.

Que no entiende lo que le pasa.

“No duermo bien hace tiempo, estoy cansada/o constantemente”.

“Me siento sin energía e irritable”.

“Muchas veces me duele el cuerpo, las articulaciones, los músculos”

“Al llegar a casa, después de un día agotador, no tengo ánimos de estar con mi familia, con mis amigos o si comparto con ellos es como un ejercicio de descarga que no me deja una mejor sensación o cuyo efecto dura muy poco”.

“No me siento bien y no sé por qué”.

Esta sensación es extremadamente común en la actualidad.

Chile y especialmente Santiago, es una de las ciudades con mayores índices no solo de depresión, sino también de obesidad e incluso en los últimos años ha comenzado a ocupar uno de los primeros puestos del mundo en las tasas de suicidio.

El cansancio puede ser un estado extremadamente desalentador, que genera un ciclo vicioso de desmotivación y bajoneo.

No solo nos afecta físicamente, sino que realmente puede ser un gran problema en nuestro trabajo, e incluso en nuestras relaciones más íntimas, con nuestros hijas/os, pareja y amigos.

El no tener ganas de nada, es algo importante de mirar sobre todo en un momento en el que hemos desarrollado formas de “seguir funcionando” a pesar de que nos sintamos con ganas no de hacerlo.

Habitualmente pienso que las series y películas de zombies son tan populares porque muchas personas se sienten así. O ellas mismas, o respecto al mundo que las rodea. Personas que “funcionan”, pero que no pueden sentir mucho.

Tantas veces he escuchado a personas que llegan a la consulta comentando la experiencia en la calle: personas desconectadas, en automático que no miran ni sienten a la persona que está al lado.

Eso no solo te da una sensación de hostilidad -cuántas veces has sentido que salir a la calle es como salir a la guerra-, las personas te empujan en el metro, te tocan la bocina si no vas aceleradísima/o, no te ven y a veces incluso, te insultan.

Cualquiera que se suba al metro en horario punta, sabe que es una jungla, como miles de ovejas caminando al matadero.

Y todos los días la misma rutina.

Sin tiempo para hacer lo que verdaderamente nos gusta, porque al final ni siquiera tenemos tiempo de saber lo que realmente nos llena, nos hace bien, nos pone felices.

En este artículo te quiero contar sobre algunas de las principales causas de todos estos síntomas y quiero que evalúes, que midas cuántos de estos elementos están presentes ahora en tu vida.

Si tienes más de tres de estos elementos es que estás sufriendo algún tipo de estrés crónico.

Las causas de que esto sea así, son principalmente acumulativas.

Como una bola de nieve, una mochila que pensaste llevarías solo un tiempo pero que se ha quedado ahí semanas, meses o incluso por años y que ahora ni siquiera recuerdas que la cargas.

Es una acumulación de una forma de abandono.

Abandono de ti.

Abandono en la forma en la que te relacionas contigo misma/o.

Cómo te acompañas, cómo te escuchas, como te cuidas, cómo básicamente le das espacio a tus necesidades más verdaderas y profundas.

Cuando llevas una forma de vida, una rutina que no tiene sentido para ti, es una forma profunda de abandono de tu vida, una forma de ausencia, de estar en automático, esperando algo, cualquier cosa, no sabiendo qué, que te saque de ese modo de sentir.

Pero nadie te va a rescatar si no te rescatas tu, si no empiezas poco a poco a darte cuenta de lo que pasa contigo.

Te quiero hablar de 4 cosas que realmente pueden hacer una diferencia, una diferencia absoluta respecto de cómo te sientes.

Estas cuatro cosas son los factores que determinan el modo en el que vivimos y cómo nos sentimos y son la forma en la que podrás evaluar cuán atrapada/o estás en un ciclo de abandono de ti que te está produciendo grandes dolencias.

1. Desconexión y falta de poder personal

Conoces la historia de la rana en la olla.

Una rana cae en una olla que se acaba de poner al fuego.

Al principio el agua está fría por lo tanto al caer, la rana no se da cuenta de que está en peligro. Y la historia dice, como el agua se calienta gradualmente, la rana no se da cuenta que morirá hasta que ya es demasiado tarde.

 

La mayoría de las personas funcionan así.

Es increíble, pero cierto.

Es una locura, pero es cierto.

Tenemos pequeños problemas que por sí solos no nos causan un problema mayor.

Un poco de dolor.

Un poco de cansancio.

Un poco de angustia.

Un poco de pena.

Y poco a poco algo que era poco, se transforma en mucho.

Y el tema es que hoy en día, en vez de matar al monstruo cuando es chiquitito, lo que hacemos es esperar a que sea un Godzilla para prestarle atención.

El monstruo chiquitito es fácil de matar.

Un Godzilla no.

Un Godzilla se puede comer la ciudad.

Un monstruo chiquitito lo podemos pisar con el pie.

Para un Godzilla necesitamos ejércitos.

Es lógico, pensarás. Estoy de acuerdo, totalmente.

Pero ¿por qué entonces siempre esperamos a que el monstruo crezca hasta que se convierta en una amenaza para nuestras vidas y lo que más nos importa para hacer algo?

La respuesta es que nos hemos acostumbrado a no escuchar, a estar desconectados.

Como cuando alguien tiene una radio puesta todo el día y de pronto deja de escucharla.

Deja de sentirla. Y luego aunque quisieras, no lo puedes hacer, simplemente no te das cuenta.
En algún momento tuvimos la capacidad de escuchar, pero la perdimos.

¿Qué ocurre normalmente?

Tenemos una pequeña molestia, nos empezamos a cansar más de la cuenta. Llevamos mucho tiempo estresados y ¿qué hacemos?

“No es nada, no tiene importancia”.

“Me tomo esta pastilla y se me quita”.

“Mañana descansaré”.

“En un año más me tomo vacaciones”.

“Es solo este proyecto, después me tomaré un tiempo para descansar”.
En pocas palabras, hacemos básicamente tres cosas:

Nos evadimos del problema,

Lo encubrimos (me tomo una pastilla, me fumo un cigarro, me tomo un trago, etc) o,

Ambos.

Esta es la esencia de la desconexión y la semilla de una maleza que se come nuestro poder personal.

¿Cuándo nos sentimos realmente bien respecto de un problema?

Cuando “alguien” (idealmente nosotras/os) está haciendo algo para solucionarlo.

Seguro has tenido al menos una experiencia.

Una experiencia de que sabes que estás haciendo algo que va a solucionar el problema y eso te alivia.

Literalmente te permite respirar.

Como cuando exhalamos con alivio y decimos “por fin!”.

Sabes que te lo sacarás de encima.

No hay nada como esa sensación. Ese alivio, esa esperanza encendida, ese empoderamiento.

Pero si te desconectas del problema, de ti mismo, si te evades, si lo encubres, si no lo miras o lo pospones, ¿que pasa?

El pequeño monstruito se convierte en un Godzilla.

Y si tu has escogido ignorarlo, hay siempre una parte de ti que lo sabe: tu inconsciente.

Y si tu inconsciente lo sabe, eso es estrés, eso es agobio, eso es un monstruito en proceso de convertirse en un monstruote.

Es por eso que cuando dilatamos un problema que sabemos tenemos que mirar, el estrés aumenta.

Y si bien, hay áreas de nuestra vida que podemos manejar bastante bien, siempre hay alguna, muchas veces aquella área donde somos más vulnerables, donde dejamos que el monstruo se desarrolle a sus anchas.

Entonces hay ciertas cosas que necesitamos hacer para dejar de seguir en este patrón de abandonarnos a nosotras/os mismos.
El primer paso es siempre empezar a escuchar y ver el problema. Cómo está mi cuerpo, que siento, cómo están mis relaciones, cómo está mi trabajo, mi energía, mi descanso.

El segundo paso es ver que puedes hacer para mejorar aquellas áreas que necesitan ser abordadas ahora. Buscar activamente maneras de solucionar tu problema.

El tercer paso muchas veces es el más difícil y es empezar a darle palos al monstruo. Muchas veces nos parece que el palo se ve muy pesado, o muy esforzado esto de estar pegando una y otra vez al monstruo. Lo que no sabemos es que este es el paso mágico.

Si comenzamos a hacer aquellas cosas que cambian nuestra situación no solo empezamos a solucionar el tema sino que nos empezamos a sentir más aliviadas/os.

Algo mágico sucede.

Un día sin darte cuenta cómo, en vez de sentir que no tienes fuerza ni incidencia en tu vida, comienzas a sentir una fuerza y un poder que no habías sentido antes.

Esto es lo que hace la acción.

Esto es la secuencia de la sanación:

Reconocer el problema, buscar un a solución, si no la conoces, pedir ayuda, empoderarnos.

2. Lo que te nutre y lo que te contamina
La esencia de esto es la siguiente.

Nuestro cuerpo nunca será más sano que nuestra comida.

Nuestra mente nunca será más sana que nuestros pensamientos.

La naturaleza tiene un equilibrio básico y sencillo que es nutrirse de lo que sirve y eliminar lo que no sirve o daña.

Si por la razón que sea este funciona no opera como debe, estamos en problemas.

No se trata de comer siempre sano, o nunca salirse del régimen.

No se trata de no poder tolerar malas noticias o lidiar con choques emocionales.

Se trata de equilibrio. De balance.

Todo nuestro sistema está diseñado para que podamos movernos con cierta flexibilidad.

Pero si solamente le damos guerra mental, emocional y física, no hay quien aguante.

Antiguamente las cosas eran bastante más fáciles.

La intervención que teníamos sobre nuestros alimentos era mucho menor y eso hacía que la comida fuera comida.

Hoy en día esto es mucho más complejo y ya todos lo sabemos.

Es tan así, que las personas prefieren tirar la esponja.

Al final todo me hace mal, así que para que me preocupo.

Nuevamente se trata de balance.

Y especialmente de poder personal, de no abandonarse.

Si por el contrario decidimos no hacer nada, ,o buscar el equilibrio lo que sucede es que nos dejamos ir por la inercia, lo fácil, lo cómodo.

Y esto implica que no decidir respecto de lo que nos nutre (física, mental y emocionalmente) es básicamente firmar nuestra decisión de tener una pésima calidad de vida.

Nos las hemos ingeniado para crear una forma de vida lo más tóxica posible.

Nos movemos lo menos posible para conseguir el peor tipo de alimento para nuestro cuerpo mente y emociones.

No decidir qué dejo entrar y que no, es dejar que el flujo más fácil entre y este lamentablemente es lo menos nutritivo para nosotros.

Y esto vuelve al tema de tu poder personal, tu conexión. Por eso el primer punto es tan importante.

Si tu recuperas tu conexión y tu poder personal, sí o sí, decidirás por lo que te hace bien.

Simplemente porque no soportarás otra cosa. Necesitas de ambos, para determinar cómo quieres sentirte. Qué quieres escuchar, si algo que te inspira o algo que te deprime, si algo que te da energía o algo que te la quita, si algo que te vuelve creativo o algo que limita tus perspectivas.

Necesitas decidir.

 

Necesitas decidir qué dejas entrar en tí para nutrirte, física, mental y emocionalmente.

Entonces cómo hacerlo.

Primero siempre conectar con tu momento. Cómo comes, con quien y que te relaciona

s habitualmente, aprendes o no de lo que estás experimentando.

Dependiendo de si estas cosas te nutren, te alegran, te enseñan o no, puedes tener una clara noción de si la balanza entre lo que nutre y lo que contamina está en equilibrio o no.

Esta idea lo expresa con mucha claridad: tu cuerpo nunca será más sano que aquello que comes, porque aquello que comes construirá tu cuerpo.

Tu mente será nutrida por tus pensamientos.

Tu mundo emocional por aquella percepción emotiva que experimentas.

Conecta, empoderate y decide.

3-. Lo que te mueve, lo que te transforma

El universo es una danza. Un movimiento continuo de nuestras células, de nuestra respiración, de nuestras relaciones.

Todo lo que somos y nos rodea está en constante comunicación e intercambio.

Y todo está constituído por energía.

Energía cuya esencia está en la fluidez.

Lo único que no se mueve es aquello que está muerto o en proceso de morir.

El sistema linfático de nuestro cuerpo, aquel que está encargado de procesar las toxinas para poder eliminarlas Necesita que nos movamos.

A diferencia de nuestro sistema circulatorio, depende de una estimulación que solo se produce con el movimiento físico o la estimulación directa.

Cuando algo se contrae, un músculo por ejemplo y no se vuelve a distender se forman nudos, zonas de dureza y rigidez que prontamente nos generarán dolor.

Ese dolor nos avisa que hay algo que no se está moviendo como debiera.

Si lo tapamos, nos distraemos y no lo abordamos no desaparece. El pequeño monstruo se vuelve un Godzilla otra vez.

Entender esto es fundamental, es simple y trae infinitos beneficios a cada parte de nuestro ser.

Mover nuestro cuerpo de inmediato nos produce bienestar, nos da energía, nos limpia y nos nutre.

Nos fortalece y nos empodera.

Cada persona necesita encontrar su propia forma de movimiento.

Algunos necesitan la alegría y la belleza de la danza.

Otros necesitan la efectividad y precisión de las artes marciales.

Otros necesitan la calma y profundidad del yoga.

Otros la estabilidad y fluidez del correr.

Otros la comunidad del deporte.

Pero todos necesitamos movernos, para producir la transformación de una energía en otra.

Para ayudarnos a fluir mejor y crecer.

Cuál es la forma que necesitas tu, que te llama, que mejor se te da.

Recuerda que solo aquello que está muerto o en proceso de morir, deja de moverse.

4. Lo que te apoya y te hace crecer

Somos seres gregarios.

Todo lo que hacemos, aunque el mundo moderno nos haga pensar que somos individuos autónomos, depende de cientos y a veces miles de otras manos que lo permiten.

Desde lo que comes a aquello con lo que te vistes, ha sido producido, creado, pensado por otros.

Y una red, cada vez más invisible, sostiene nuestro modo de vida.

Es esencial reconocer cuando necesitamos ayuda, cuando el diálogo con los demás, la interacción con los demás nos puede catapultar a otro espacio de crecimiento.

Es una cuestión de tiempo y energía.

Lo que hacemos solos tiende a demorar mucho más, costarnos mucho más que lo que aprendemos a coordinar y potenciar con otros.

A veces para hacer el primer paso, el salto que puede hacer toda la diferencia, necesitamos de alguien que nos guíe a potenciar y saber con total claridad por dónde debemos seguir.

Puede ser un libro, un curso, una terapia, un amigo.

Darle fuerza a  esto nos puede llevar rápidamente a la solución que hemos estado dilatando por largo tiempo.

A veces es esa compañía que nos inspira.

Otras la mirada que nos indica hacia un lugar que nunca habíamos visto.

En algunas ocasiones es esa mano que nos agarra o nos acompaña cuando más lo necesitamos.

El tema es que la presencia de otros, en todas sus formas, puede ayudarnos traspasar más allá y sostenernos en el camino.

Si has abandonado esas compañías, esa conciencia de la ayuda que has recibido o que mejor aún, puedes dar, retómala, porque es como un camino misterioso que puede llevarte a donde quieres ir o a crecer, fortalecer o descubrir lo que necesitas.

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Para resumir, hay 4 cosas esenciales que te ayudarán a recuperar tu energía, tu vitalidad, tu conexión con la vida:

  1. Volver a conectarte contigo y restablecer tu poder personal haciendo algo respecto de tu estado.
  2. Aclarar qué elementos en tu vida diaria te contaminan, quitan fuerza y te hacen mal y qué cosas te nutren, fortalecen y te hacen feliz. Y decidir.
  3. Moverte. Escoger alguna actividad para empezar a facilitar que todo en ti, se mueva y fluya.
  4. Reconstruir y fortalecer las relaciones y ayudas que te permitirán salir del estado de desconexión en el que te encuentras.

A continuación te quiero dejar un set de herramientas de regalo que te ayude a aclarar, sostener y guiar para que puedas abordar estas cuatro claves.

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Ciclos de Vida

Ciclos de Vida

Existen distintas corrientes filosóficas y de humanología que hablan de los ciclos de vida.
Tener una noción aunque sea general de estos conceptos nos permite entender los procesos por los que estamos atravesando, como también maximizar nuestra energía e intención en torno a lo que queremos crear para nuestra vida o por ejemplo, para ayudar a nuestros hijos en el proceso de crecimiento.
La visión de los ciclos de vida de la cual te quiero hablar brevemente hoy, proviene del Kundalini Yoga, enseñado por Yogi Bhajan. En esta se establecen 3 periodos cíclicos:
  • Ciclo de la Consciencia: Cada 7 años.
  • Ciclo de la inteligencia: Cada 11 años
  • Ciclo de la configuración física: Cada 18 años.
En general los cambios de ciclo implican un momento crítico.
Esto no ha de extrañar. Todo proceso de transformación necesita de cierta poda y eso implica, dependiendo del caso, algún nivel de crisis.
Pero una crisis bien tomada, es realmente un momento mágico. Es una oportunidad para ver el mundo desde otro lugar, para ampliar el caleidoscopio con el que vamos entendiendo el mundo, el universo y a nosotras/os mismas/os.
Ciclo de Consciencia, cada 7 años:
Los ciclos de consciencia están ligados a nuestra percepeción de identidad.
Qué nos define.
En términos generales ordenamos nuestra identidad en torno a aquellas cosas que preferimos (esto me gusta, con esto me siento afín, etc) y las cosas que rechazamos (no me gusta eso, creo que eso está mal, aquello me causa rechazo). Así es que de alguna manera decimos “yo soy así, porque me gusta esto y rechazo aquello”. Cada siete años, estos elementos van cambiando. Lo que deseamos, buscamos, exploramos a los 4 años con pasión, pueden ser causa de absoluto rechazo a los 16. La consciencia cambia y cambia nuestro sentido de identidad.
En general para entender este proceso se tiende a pensarlo en grupos de 3.
Desde el nacimiento a los 21 años estamos alcanzando la madurez física, nuestro cerebro no termina de desarrollarse hasta cerca de los 21 años y básicamente lo que sucede es que formamos los ladrillos con los que construimos nuestra identidad a la larga. De ellos el primer septenio es quizás uno de los más determinantes. No solo Yogi Bhajan si no gran parte de la psicología moderna ha establecido lo esencial de los primeros años de infancia en el gestación de los parámetros de la percepción de identidad: nuestro sentido de seguridad, nuestras creencias, valor, la percepción íntima que tenemos de las relaciones.
Desde los 21 a los 42 comenzamos a desarrollar nuestra madurez emocional y social. Evaluamos nuestra productividad, la verdad acerca de nuestras ideas y nuestras emociones en la esfera social. Es en este periodo en el que aclaramos más lo que deseamos hacer en la vida y empezar a tratar de implementarlo.
Desde los 42 a los 63 el resultado de nuestro sentido de identidad y madurez es puesto a prueba: “nuestro nivel de sensibilidad, intuición, sentido de propósito, claridad, y el impacto de nuestras ideas e ideales – a través de como demostramos nuestra eficiencia en el mundo”.
Después de los 63 seguimos el espiral de expansión de la consciencia.
Por supuesto, esto siempre depende de cómo pensemos nuestra existencia y de qué relevancia o espacio le demos a nuestro desarrollo personal e interno. Cada ciclo de 7 es una invitación a dejar fluir el infinito a través de nosotros. Cómo crecer, conectarnos, desarrollarnos y revelarnos a nosotras/os mismas/os desde lo más profundo.
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Inteligencia Aplicada, Ciclo de 11 años:
La inteligencia no tiene que ver con lo que conocemos, ni con nuestros pensamientos, ni con el intelecto, si no con una claridad de intención y con la capacidad de tomar las herramientas a nuestra disposición para una ejecución o comprensión efectiva de la situación.
Cada 11 años, esta habilidad entra en una renovación en un cambio en el modo en el que aplicamos la inteligencia. La clave de la adquisición de la inteligencia es la movilidad. Si nos apegamos a una forma, a un método o una ideología, perdemos la habilidad de ver con ojos nuevos lo que tenemos delante y la habilidad se rigidiza y pierde. Es así que la principal fuerza para la mantención y renovación de la inteligencia está asociada con la capacidad de adaptarnos y funcionar de manera desapegada frente a los desafíos. Libre de verdad.
Energía de Vida, ciclos de 18 años
Este ciclo refleja el modo en el que utilizamos la energía que disponemos y de donde la sacamos. En los primero 18 años, nuestra energía física, nuestras hormonas y nuestro fuego están en su cúspide. La mayor parte de nuestra actividad y de nuestros recursos para hacer cosas las extraemos de nuestra capacidad física y durante este periodo la naturaleza tiene más capacidad para renovarse y recuperarse.
En el segundo ciclo desde los 18 a los 35, la disposición de la energía física comienza a mostrarnos que ya no tenemos la misma capacidad de antes y empezamos a darnos cuenta cómo nuestro estilo de vida y las opciones que tomamos pueden repercutir en nuestro desempeño. Tenemos ya, cierta experiencia de vida y podemos registrar los efectos de las batallas ganadas y perdidas, de la forma en que nos relacionamos y lo que queremos. En el tercer ciclo de los 36 a los 53, la cantidad de energía que tengamos dependerá mucho del tipo de vida que hemos llevado y si tenemos la capacidad de extraer energía de fuentes más sutiles. Para el ciclo desde los 54 a los 72, nuestra calidad de vida y nuestra energía dependerá completamente de nuestra conexión con el ser y con los aspectos más sutiles de nuestra composición energética.
El cambio y el viaje de este grupo de ciclos de 18 años nos invita a pasar lentamente por un proceso de sutilización de nuestra energía y de percepción de la misma. Entender que no es nuestro cuerpo, mente y ego lo que nos sustenta en última instancia sino la energía que fluye eternamente en todo lo que nos rodea. De pasar de la energía del impulso y el deseo al de la intuición y la sabiduría de todo aquello que expresa la trascendencia en nuestro universo.
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¿Puede hacerme daño un masaje?

¿Puede hacerme daño un masaje?

Los tres secretos para un masaje que no dañe

  Hace años atrás uno de mis consultantes habituales me contó como había tenido una fuerte lesión, luego de que un masajista le había hecho un movimiento de manera muy brusca. “El tipo era enorme y yo mirame, soy pequeño. Con la fuerza que puso, sentí sonar mi espalda y el dolor que me quedó, me duró bastante tiempo”. O, me “hice un masaje y termine más contracturada”, o el más grave “el masajista no vió que tenía una lesión y el masaje me la agravó”. Casos como este hay muchos y son más comunes de lo que se quisiera. ​Es por esto que los profesionales que trabajan con el masaje como herramienta tienden a querer más y más exigir un titulo universitario para poder ejercer. Yo estaría totalmente de acuerdo si no fuera porque las universidades dejan afuera grandes técnicas y enseñanzas como el Rolfing, la Quiropraxia, la Osteopatía, la Antigimnasia, Feldenkrais, la técnica de Alexander, el Panchakarma del Ayurveda, masaje ayurvédico, la reflexología, la digitopuntura y un sin numero de variables que implican un aporte único y fundamental al ejercicio de la terapia corporal y la masoterapia en todas sus formas. El mundo alternativo de los masajes es necesario, pero debemos tener ciertas precauciones que enumeraré a continuación, para que tu experiencia sea lo maravillosa que debería ser.  

Cómo un buen Masaje trabaja la memoria del cuerpo

  Recuerdo una consultante que tenía una particularidad muy inusual. Cada vez que le tocaba los brazos, no podía parar de reir y cuando le tocaba las piernas comenzaba a llorar. Ella no sabía cual era la razón y yo pude atestiguar durante el masaje que lo que decía era verdad. El cuerpo tiene memoria, anida en sí no solo el registro de los dolores físicos si no también de los originales. Wilhelm Reich, el padre de la terapia corporal lo entendió hace un siglo atrás y lo han corroborado otras técnicas revolucionarias como la TRE que trabaja con el trauma del cuerpo, el EMDR y el EFT, todas técnicas que han logrado extraordinarios avances, integrando la dimensión corporal y física de los impactos sicologicos y su registro en el cuerpo. respetar la memoria del cuerpo En un buen masaje debe haber una consideración seria y profunda de esta realidad. Tantas veces un terapeuta puede abrir una llave que libera un dolor anidado en el cuerpo y tantas veces la consulta debe ser un espacio para que esa situación se produzca de manera protegida Este espacio debe ser serio, ético y sensible. Existen muchos tipos de masaje y hoy en día hay muchos masajistas que trabajan muchisimas horas con muy poca recompensa y con muy poco tiempo para descansar entre masaje y masaje. Como el masaje es un espacio de contacto profundo, deberíamos preferir masajes que nos ofrezcan un espacio seguro, no solo en el sentido más tradicional, sino que en el más amplio que involucra una seguridad emocional, física y ética. Un masajista agotado y que esta siendo exprimido dificilmente puede prestar atención a las sutilezas de la terapias y en muchos casos proveer ese ambiente idóneo. No quiero decir que todos los espacios comerciales son así, pero es un punto a considerar cuando estemos en búsqueda de un masaje que de verdad pueda sanarnos. Por lo tanto y para que puedas contar con el mejor espacio para tu masaje ten en consideración estas cosas:  
  • La experiencia del masajista (cuanto tiempo lleva haciendo masaje)
  • Formación del masajista (esta puede ser un area gris. Pero ve donde aprendió, que tipo de formación es, etc)
  • El masajista tiene alguna página u/o informativo sobre su trabajo que haga referencia al estilo de trabajo.
  Estos elementos ayudarán a determinar al menos el grado de conocimiento preparativo del masoterapeuta. Al mismo tiempo que si se trata de algo simple como un masaje descontracturante, sepas a lo que vas.

Cada cuerpo Habla, en el masaje, se escucha

  Mi primer profesor de Masaje me dijo “El cuerpo es un copuchento”. Nada más cierto. Luego de decir estas palabras, me mostró, como el cuerpo hablaba y reaccionaba a las distintas maniobras que hacía (¡gracias Ching!) Cada cuerpo tiene muchas puertas y no se puede trabajar con él como si fuera un modelo estándar. Todo buen masajista sabe esto. La presión que pongas en un masaje dependerá del peso de la persona, los aceites que se usarán en el masaje, de su biotipo, lo que agregues o priorices de la técnica a la respuesta de la persona. El cuerpo habla y el masajista escucha. Para esto, el terapeuta debería tener una capacidad de estar presente y conectado con lo que esta sucediendo. Hay muchas maneras de entrar en el flujo, pero algo que es importante es que esta capacidad se entrene, se practique y se desarrolle. En mi experiencia, la mejor manera de hacer esto es con algún tipo de técnica de focalización, relajación y limpieza mental. Idealmente un masajista o terapeuta debe tener una práctica de limpieza mental (meditación), algo que de verdad le permita estar presente al momento de trabajar con la persona y dialogar con sus signos. Tengo que decir, sin embargo que esta es más una recomendación para los terapeutas. He conocido grandes profesionales (mi profesor de masaje en Dharamsala, India, sin ir más lejos), que no tienen hábitos muy saludables, pero tienen una capacidad sanadora tan grande que compensa con creces, los detalles de como cuidan su propia salud. La recomendación aquí es: Sé muy conciente de la estabilidad de tu terapeuta un buen signo es que te tenga una practica aunque no es garantía Busca por particularidades que señalen a una persona que tiene las cosas claras y con buena ética profesional. Para un Masaje como para la gran mayoría de las cosas de la vida, sigue la referencia, sin ser prejuiciosa/o Un spa es un lugar muy lujoso en general. Hermoso en todo sentido. Pero para un masaje preferiría cualquier otra cosa. Las pocas veces que me he atendido en un lugar así, me he pasado el masaje preocupada de la masajista, de cuantas horas lleva ahí, de si no está cansada, etc. Por otra parte, los maestros y profesores que he tenido han tendido a atender en lugares pintorescos y extraños, como el maestro chino de la pelicula Alice. Masaje y el doctor chino de Alice Y sí, a mi me gusta eso, pero independientemente de donde sea que un masajista atienda, lo más importante no es que las cosas se vean lindas (aunque es agradable que así sea), sino que el masaje sea de verdadera calidad. Para los masajes promueve el boca en boca Una de las maneras mejores de asegurarnos de eso es dar referencia. Es recomendar y que nos recomienden a un masajista y un buen masaje. Al final las consultas siempre llegan a sostenerse solo por el boca a boca. Así que si encuentras a alguien bueno, cuentale a tus amigas/os. Ellos te agradecerán y el masajista también. Resumiendo En la busqueda de un buen masaje que garantice calidad, busca la convergencia de estos tres elementos: Trata de identificar la experiencia del terapeuta, cuanto tiempo ejerce, donde se formo y cual es su línea. ¿Sabes si tu masajista es estable, medita, esta realmente presente en la terapia, no la trata como si fuera una fábrica? Por sobre todas las cosas, ante la duda busca una referencia, una recomendación.

¿Y tu que crees que es esencial para un buen masaje, cual ha sido tu experiencia?

——- Si quieres un masaje hoy puedes ver los Masajes Equilibrio Integral o Masaje Metamórfico. Si quieres formarte como Terapeuta puedes ver la Formación Aquí.